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ISSN 1989-4163

NUMERO 102 - ABRIL 2019

 

Anticuento (Versión 2)

Francisco Gómez

Queda convocado el XIII certamen literario Villapatricio de Sunsunegui. Podrán participar en el mismo todos aquellos escritores que deseen las más altas cotas de popularidad en el patriciado de las letras y la adulación de culturetas de todo género, condición, clase social y estirpe, incluidos los heteros, homos y “bi”. Por favor, absténganse los emborronadores de papel en blanco de fines de semana, los novicios literarios y mediocres.

Cada ejemplar se presentará por trigésimoquinto duplicado en escritura gótica y lenguaje indopakistaní.

(Nota del autor: El texto original aparece escrito en tal lengua aunque para su mejor comprensión lo transcribimos al idioma de Cervantes. Perdonen esta entromisión ilícita).

El premio, uno y nunca trino, se compone de tres mil ciento cincuenta y cinco maravedíes de vellón y una estatuilla del insigne cabezón Gónzalo Córdoba, egregio escultor de La Petarda, ubicada en las murallas de nuestra histórica ciudad emérita.

El jurado estará formado por ilustres prebostes en el universo de las letras como D. Taimiro Rezagado, cronista local, D. Julio Cortapáginas, eximio crítico literario de “La cosa escrita”, D. Egregio Tiralíneas, Presidente de Honor por la pureza del Indopakistaní, D. Renglón Torcido, reverenciadísimo escritor de la tierra y yo mismo, D. Obtuso Acodado, máximo representante de la ciudad.

La Corporación en pleno salvo los disidentes de siempre.
Acto seguido, el narrador que todo lo ve, auque sea con un ojo a la funerala, presenta los diversos soliloquios que torturan las conciencias de aquellos que alcanzan a leer tan reverendísimas bases.

El escritor: ¿Qué hago? ¿Me presento o no? Duda metafísica al canto...El otro día mis amigotes de la tertulia La Naranja Podrida me dieron las bases de este certamen y qué quieren que piense. A mí me huele que hay mucha mierda metida entre líneas. Que si absténganse los mediocres, los novicios...Este premio tiene toda la pinta de estar amañao para los enchufaos, para el circulito del jurado. He mandado ya tantos y tantos... y nada de nada. Escribir quizás no sea más que un acto de locura para tratar la tarea imposible de conocerse y comunicarse con los otros. Hasta hoy no hemos tenido premios ni reconocimiento ni un triste accésit. Tampoco contar entre los finalistas. Me dicen los compañeros de tertulia que tengo que relacionarme más, hablar con elevados escritores, hacerme el gracioso, trabajarles de negro para sus obras, colarme en las fiestas de editores. Darme a conocer, vaya... Cuando a mí lo que me gusta es escribir, derramar mis pensamientos y emociones en páginas y páginas y lograr la comunión de sentimientos con mi desconocido lector amigo. Pero si no me premian, no me conocerán y si no saben de mí, no me leerán y el círculo no hará más que dar vueltas sobre sí mismo.
Escribir es un acto solitario y concentrado en uno mismo. Cuando has redondeado el fruto de tu trabajo en un poema, cuento o novela, te toca peregrinar por concursos como este de Villapatricia. Envío mis historias como botellas lanzadas al mar de los naufragios a la espera improbable que alguien se digne recogerla. Esto de enviar sobres por carta al irónico buzón de correos se me antoja como esperar en vano la respuesta a un vitae para una oferta de trabajo. Mandar y mandar para que el silencio sea tu contestación. Lo peor viene con la carcoma de tu conciencia que duda si tus escritos interesan a los demás o simplemente todo es amiguismo y compadreo. Si tienes padrinos te confiesas y si no, que te folle un pez espada. Seguiremos en el intento a pesar de saber que estoy tirando sobres y más sobres a la basura. Perderemos pero con dignidad.

El crítico literario: Este año le corresponde el premio a Casimiro Lifante. Antes de redactarse las bases, ya estaba todo requetedecidido. El pescado vendido, como se dice en el habla vulgar. Ya pueden enviar originales, ya, los pobres caballeretes de la literatura, que este año no se comen un torrao, ni éste ni al otro, ni el de más allá. Ya tenemos decididos los premios hasta dentro de cinco o seis años. El ilustre señor alcalde y la editorial lo han previsto todo. Sólo a personajes de renombre con una trayectoria reconocida. A los pobres soñadores ni agua. Estos intrusos que tienen hambre de despuntar cuando ya hay nombres consagrados. Luego, los miembros del egregio jurado nos llevamos nuestra parte del galardón y de la posterior publicación de la obra. Que el papel está muy caro y los lectores escasos para que vayamos dando la distinción a gente sin nombre ni fuste. Para que nos salga el tiro por la culata y no quieren repartir el premio ni los parabienes...¡Este año, Casimiro Lifante!

El periodista: Esta mañana tengo rueda de prensa del premio literario Villapatricia. Esta noticia seguro que irá a dos columnas en la última página de local. ¿A quién le interesa la cultura y encima si trata de literatura y libros? Porque el redactor-jefe me manda que si no, sus amigos del jurado le montan una bronca. Que por mí ni iba. No tengo yo cosas importantes que hacer. Escribir de política, los chismorreos de la ciudad, las últimas hazañas de nuestro renombrado club de fútbol o nuestro intrépido navegante Juan Sebastián Delgado. A nuestro público lector le interesan estos acontecimientos y no un timindumdi concursito. ¿Y todo para qué? Sí, ya sabemos quién ganará. Este año le corresponde a Casimiro Lifante. Aquí lo sabemos todos. Claro, hay que hacerse el interesante. Primero, la rueda de prensa anunciando el certamen. Luego las obras seleccionadas. Gala de entrega de premios. A Casimiro Lifante, por supuesto. Entrevista dominical a doble página con el autor premiado y después gira con el galardonado escritor para divulgar el texto y difundir la obra por todo el país. Más interviús en otros medios donde dirá lo mismo con otras palabras y bla, bla, bla, bla, bla... hasta el año siguiente. ¡Qué remedio! A cumplir y luego a las diez me espera mi gachi.

El alcalde: Ya veo los titulares en prensa, radio y televisión. “Casimiro Lifante gana el certamen de Sunsunegui con Las otras paradas”. El argumento del relato ya se lo dicté yo: Mira, Casi, escribe sobre lo que te dé la gana pero nuestra altiva ciudad tiene que aparecer en alguna parte. Tenemos que darle una mayor proyección a nuestra villa y convertirla en una ciudad de turismo y servicios para que la gente de bien goce de nuestras tierras y costas. La industria del recauchutado marcha en declive y tenemos que prever otras fuentes de ingresos para nuestros convecinos. Por cierto, el año que viene vuelven las elecciones como el turrón. Me tengo que dejar ver más por la calle, asistir a inauguraciones, besar a más niños, aparecer con más frecuencia por los centros de Tercera Edad. Me apuntaré en la agenda que los medios de comunicación deben sacarme más. Todo sea por difundir el buen nombre de Villapatricia y seguir cuatro años más en el sillón con la vara de mando.

Un señor que pasaba por allí: Mira por dónde, que me acabo de enterar que hoy salen las bases del concurso de redacción de nuestra noble ciudad. Recuerdo que mi hijo escribió el año pasado una cosa que creo pueda servir. Voy a ponerle mi nombre y mandarla. Total, si para rellenar cuatro letras vale cualquiera.

 

 


 

 

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